REPERCUSIONES EMOCIONALES

El tenista como resultado de las lesiones deportivas.

La elevada incidencia de las lesiones deportivas conduce a que se abra cada día una mayor preocupación por conocer las repercusiones psicológicas que acarrean y las acciones que pueden llevarse acabo para disminuir el tiempo de rehabilitación del jugador, prevenir y evitar las recidivas, así como lograr que el tenista no disminuya sus resultados.

El impacto de las lesiones deportivas depende de una seria de factores, incluyendo la naturaleza y severidad de la lesión, el compromiso que siente el jugador alrededor de su participación en el deporte y la reacción del deportista al tratamiento y a la rehabilitación. Al mismo tiempo, las lesiones pueden ser el resultado del temor al fracaso o una huída ante las enormes exigencias del entrenamiento y la competencia, teniendo lugar de manera conciente o no. 

Muchos instructores se concentran en los aspectos fisiológicos de las lesiones, incluyendo la preparación física, la biomecánica del movimiento y las limitaciones o deficiencias de los medios de entrenamiento. Sin embargo, se incrementa la toma de conciencia en los factores sociales y psicológicos que tienen efecto cuando ocurre una lesión, se hace énfasis en el hecho de que el trauma físico que produce la lesión no afecta tanto como el trauma psicológico.

Las lesiones deportivas, en cualquier parte del cuerpo que ocurran, influirán, siempre, tanto en el físico como en la psiquis del participante. La personalidad del jugador más que quedar aislada de este hecho físico permanecerá profundamente implicada.
Debido a que el tenista, actúa con su propio cuerpo, cualquier tipo de limitación adquiere un significado muy especial; él estará siempre atento de su organismo que pueda restringir sus rendimientos, lo cual implica que las consecuencias psíquicas del Handicap físico sean muy diferentes.

Ciertos aspectos de las lesiones provocadas por el deportista ponen de relieve su carácter individual, su salud mental y sus circunstancias personales, por ejemplo, los deportistas predispuestos a las lesiones tienden a ser inseguros.

Los jugadores que se inquietan demasiado tienen tendencia a atribuir sus lesiones a causas tales como la falta de atención y/o a una sensibilidad corporal insuficiente.

De manera parecida, los jugadores sobre entrenados, cansados o fatigados tienen tendencia a estar predispuesto a las lesiones, especialmente cuando viven cambios importantes en su género de vida. Por ejemplo,  un lugar de entrenamiento, un cambio de entrenador, una diferencia con la organización deportiva, la muerte de un miembro de la familia, dificultades matrimoniales, el inicio o fin de estudios formales.

Desde luego, es difícil evaluar estos factores y sus efectos en cada jugador en concreto. El entrenador puede utilizar como posibles señales anticipadas de una lesión estos problemas, como los cambios de actitud, y también los surgidos del modo de vida del deportista, ya que si los factores psicológicos dificultan sus reacciones de adaptación a las situaciones y/o movimientos potencialmente peligrosos, puede aumentar la susceptibilidad del tenista a las lesiones.

Una lesión isla al deportista de la actividad o, por lo menos, lo coloca en condiciones que no puede llevar a cabo, con toda su amplitud, los requerimientos de la ejecución deportiva. Por ello, el jugador, inmerso en la aspiración de obtener resultados elevados, al sufrir una lesión que deriva en perdida ostensible en el rendimiento inmediato o futuro, puede sufrir un trauma en las experiencias recogidas por el autor. Ante esta realidad, los entrenadores y deportistas solicitan en numerosas ocasiones  la asistencia psicológica, con objeto de remover las posibles emociones negativas y de esta forma viabilizar el proceso de rehabilitación.

Un deportista lesionado puede acarrear consigo una repetición del daño o en otra parte del cuerpo (por la sobreprotección de la zona ya lastimada), un mal rendimiento y una perdida de confianza que puede resultar permanente mientras practique el deporte.

Los tenistas que no aceptan el hecho de estar lesionados, no podrán ser capaces de concentrarse para  el proceso de readaptación, pueden prolongar el periodo de recuperación y dar lugar a una incapacidad permanente. La irritación y la depresión son fáciles de comprender, pero pueden complicar al mismo tiempo, el proceso de rehabilitación. En el deportista pueden aflorar sentimientos naturales de incertidumbre, miedo a lo desconocido a lo que pueda venir, y de impotencia.

Sin embargo, es posible que los jugadores lesionados no expresen sus sentimientos de depresión, aislamiento o pesimismo a otras personas. Algunos disimulan estas tendencias con médicos, entrenadores, compañeros de equipo y amigos; y esto requiere de un correcto diagnostico por parte de los especialistas para conocer los temores y angustias que están disimuladas con frecuencia en una actitud de resignación y de falso valor.

En general, existen algunos factores que deben ser considerados en el momento de brindar apoyo al deportista lesionado. A saber: 

Las circunstancias de la lesión.
Si ocurrió dentro del proceso de entrenamiento.
La experiencia deportiva.
Los conocimientos y las vivencias acerca de las lesiones anteriores.
La forma en que perjudica el historial deportivo.
La intensidad del daño.
Los grupos musculares involucrados.
La personalidad.
Este último factor es de gran importancia, ya que las fuerzas para la verdadera rehabilitación del deportista se encuentran en los sistemas reguladores de la personalidad.

El reordenamiento de la subjetividad en el deportista es básico para la efectividad de los procedimientos traumatológicos que serán empleados. Esto no le resta importancia ninguna a los procedimientos y técnicas de la traumatología.

Dentro de la personalidad del tenista se debe destacar la voluntad. Los esfuerzos volitivos para vencer los obstáculos (en este caso la lesión), desempeñan un importante papel en la actividad deportiva que lo llevan a luchar, entre otras cosas, por recuperar el tiempo perdido, la eficiencia de sus acciones y la remodelación de sus hábitos motores. Sólo quien posea una férrea voluntad  puede hacer firme el propósito de comenzar nuevamente y alcanzar un grado de rendimiento que contribuya a vencer los muchos estados de incomodidad resultante de esfuerzos musculares psíquicos verdaderamente agotadores.

Por tal motivo, se debe tener una imagen muy clara y precisa de la personalidad del deportista lesionado y analizar con que fuerzas cuenta dentro de sí y dónde se pueden estimular los elementos positivos que tiene para obtener una correcta recuperación. El deseo del tenista de continuar en el deporte, su valor y su nivel de responsabilidad constituyen recursos importantes a estos propósitos
De no poseer con estas premisas subjetivas, se hace verdaderamente arduo, cuando no infructuoso, el remover las emociones negativas que acompañan en ocasiones al deportista lesionado.

Lo esencial radica en que el deportista llegue a comprender, de forma racional, la causa de su lesión, de las múltiples posibilidades que tiene el organismo, de los medios y procedimientos a su alcanza para rehacer su nivel o forma deportiva, y de la parte que le toca desempeñar en esta meta con disciplina, dedicación y responsabilidad.


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