PADRES, HIJOS Y DEPORTE

Lo que cualquier padre desea o debería desear de un hijo es poderle ofrecer una educación sana y constructiva; el deporte ofrece este tipo de educación, pero sería una estrategia errónea optar por una educación deportiva obligada. El hijo debe tener el derecho a optar por la no participación en el deporte. Eso sí, alentar (sin chantajes ni intimidaciones) es la estrategia más efectiva. Es tarea de los entrenadores proporcionar información objetiva sobre los fundamentos del deporte en cuestión, y cuando digo objetiva me refiero a evitar la típica situación de “venderles la moto”, es decir, generar expectativas demasiado elevadas.
Es sabido que muchos padres consideran a sus hijos como una prolongación de sí mismos, orientándoles hacia lo que ellos hubieran querido pero no pudieron, definiendo qué metas deben alcanzar (metas que ellos mismos hubieran deseado alcanzar), cargando sobre las espaldas de sus hijos una responsabilidad que puede interferir muy seriamente en la ejecución deportiva. Los padres deben reconocer el derecho que cada joven tiende a desarrollar su potencial atlético en una atmósfera que enfatice la participación, el desarrollo personal y la diversión.

¿Cuáles deberían ser las responsabilidades parentales?

1 - ¿Pueden ceder los padres a sus hijos? Esto requiere poner al hijo completamente al cargo del entrenador y confiar en que dirigirá su experiencia deportiva; para ello se debe aceptar la autoridad del entrenador y el hecho de que éste pueda ganar la admiración del chico, antes exclusiva del padre.
2 - ¿Pueden los padres admitir sus limitaciones? Los padres deben convencerse de que la respuesta apropiada ante un error es una declaración honesta. No deben vacilar en comentar abiertamente el tema con su hijo.
3 - ¿Pueden los padres aceptar los triunfos de su hijo? Esto suena fácil, pero no siempre es así. Algunos padres no lo hacen, pero en realidad pueden mostrarse más competitivos con sus hijos varones. Cuando un chico destaca en la competición puede existir la tendencia a recalcar errores sin importancia o describir cómo hubo otros que lo hicieron mejor.
4 - ¿Pueden los padres aceptar las frustraciones de sus hijos? Aceptar las frustraciones de un muchacho puede significar el ser espectador de cómo pierde un partido, mientras otros lo ganan, o no mostrarse confundido, avergonzado o enfadado cuando su hijo de diez años llora tras la derrota. Es en estos casos donde los padres pueden verter pos.
5 - ¿Pueden los padres mostrar auto-control a sus hijos? Los padres deberían tener presente que son unos modelos para sus hijos. El entrenador puede tener dificultades pedagógicas para enseñar auto-control a los chicos si un padre pierde el control durante un partido.
6 - ¿Pueden los padres dedicar algún tiempo a su hijo? Algunos padres están tan sumamente ocupados que se convierten en un problema ya que quieren y están interesados en alentar a sus hijos. Nunca deberían prometer más tiempo del que puedan conceder. Lo ideal en estos casos sería que el padre se interesara en pedir a su hijo sobre el desarrollo de los entrenamientos e intentar acudir a algún partido
7- ¿Pueden los padres permitir a sus hijos que tomen sus propias decisiones?
El deporte puede ser una introducción al proceso principal que constituye la emancipación. No se puede moldear a los hijos, sino más bien aportar directrices y consejos a las intenciones del chico, siempre dentro de unos límites razonables.
Los mayores problemas surgen durante la competición, donde a veces se pueden perder los papeles de buena compostura. Vamos a ver algunas reglas que pueden ayudar a guardar tal compostura:

1- Los padres deberían permanecer en la zona de espectadores durante la competición, a poder ser sentados.
2- Los padres no deberían gritar instrucciones ni críticas a sus hijos.
3- Los padres no deberían hacer comentarios despectivos de jugadores del equipo contrario o de otros padres ni de árbitros ni de directivos.
4- Los padres no deberían inferir con las tareas del entrenador de sus hijos. Deberían ceder gustosamente la responsabilidad de sus hijos al entrenador durante el partido.
Por su parte, los entrenadores deberían responder gustosamente a las inquietudes de los padres acerca de sus hijos.


LABOR DE LOS PADRES y PROFESORES

Lograr que el tenis sea un elemento para su vida dándole satisfacciones, alegrías, éxitos, y ayudándolos también a aprender de las derrotas haciéndolos más fuertes.

Enseñándoles que los problemas, y las adversidades son la verdadera prueba de la grandeza, por esta razón nunca hay que bajar los brazos y seguir adelante.

Brindarles ayuda, para que puedan desarrollar todas sus virtudes y capacidades atléticas para que algún día tengan la oportunidad de lograr victorias dando todo de ellos mismos.

El objetivo real del tenis juvenil es proveer una experiencia de aprendizaje para ayudar a los jóvenes llegar a ser mejores, fuertes y saludables personas.



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